MUSAS: Asociación de Mujeres Sobrevivientes de Abuso Sexual
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Carta de una radio escucha.


Mi nombre es Alicia y tengo 30 años. Soy sobreviviente de abuso sexual en la infancia y quiero compartir mi experiencia.


El primer abuso que sufrí fue a los cinco años. Me recuerdo con los calzones abajo, sentada en cuclillas y un sujeto en frente de mí, dibujando, según él dibujándome, tocaba mis rodillas y abría mis piernas para ver mejor y seguir dibujando.  


Recuerdo esas miradas libidinosas  y hoy, cuando un hombre mira mi cuerpo, me siento insegura.


No se lo conté a nadie.


Segundo abuso, a los 8 o 9 años: un “amigo” de la familia nos llevó al cine y ahí introdujo su mano en mis calzones para manosear mi vulva; me recuerdo paralizada después tampoco dije nada. El abusador tenía unos 30 años.


Tercer abuso a los 10 años: Un tipo abusaba de mi cuando le dejaba la ropa que mi madre lavaba y planchaba. Recuerdo dos ocasiones: una en la que estaba yo sobre su cama con los calzones abajo y él besándome y lamiendo mi vulva; en la otra ocasión, él hacía que lo masturbara. De estas ocasiones recuerdo el haber estado desconectada de mis sensaciones; mi mente estaba en los detalles de la lámpara del departamento. No se lo dije a nadie. El abusador tendría 25 años.


De todo lo anterior yo me sentía culpable, pensaba que sí habían ocurrido esos abusos era porque yo no había hecho nada por evitarlos; no grité, no salí corriendo, no le dije a nadie y además lo había disfrutado.


Estos abusos sexuales afectaron mi vida porque me cerré al mundo. A partir de los 11 años van disminuyendo mis amigos y amigas, y hoy me cuesta trabajo confiar en los hombres y relacionarme con la gente en general.


Es a veces tanto mi nerviosismo que empiezo a sudar. El conocer gente por motivos tan simples como ir al banco me provoca angustia y llego a posponer actividades. En otras ocasiones siento mucho calor en el rostro y al rato me salen granos, me turbo al hablar y no puedo expresar exactamente lo que estoy pensando: esto aumenta mi nerviosismo y las reacciones de mi cuerpo.


Me cuesta trabajo ser abierta con mis sentimientos y afectos, siento que cada nuevo conocido implica, mas que nada, razones de peligro.


Hoy sé que en aquel tiempo no tenía elementos necesarios para reaccionar a los abusos, para salir corriendo, para gritar, para no permitirlo. Hoy sé también que yo no soy culpable de que ellos abusaran de mi.


Hoy, gracias al apoyo en el grupo de MUSAS (Mujeres sobrevivientes de abuso sexual) puedo vivir sin que me atormente la culpa y sigo, y seguiré, trabajando mi timidez, mi inseguridad y todo lo que salga.


Me tomó siete años de escucharlos a ustedes para darme cuenta de que el abuso sexual en la infancia me había afectado. Me tomó siete años de escucharlos para atreverme a ir a un grupo, para ir a terapia individual. Porque antes de esos siete años no tenía conciencia de todo lo que había afectado a mi vida; pensaba que yo no necesitaba ayuda para recuperarme.

Gracias Paty, gracias doctor Ernesto, pero sobre todo, gracias a mis compañeras de grupo y a mi terapeuta por escucharme y a mí por dejarme escuchar mi dolor.